Un nuevo informe del Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard destaca que contar con entornos estables en el hogar, la comunidad y las políticas públicas, es fundamental para el desarrollo saludable durante la primera infancia y para el bienestar a lo largo de la vida.
El Early Childhood Scientific Council on Equity and the Environment de la Universidad de Harvard publicó recientemente su documento de trabajo N.° 4: “From Resources to Routines: The Importance of Stability in the Developmental Environment” (“De los recursos a las rutinas: la importancia de la estabilidad en el entorno del desarrollo”). El reporte subraya la estabilidad del entorno donde crecen niñas y niños como un factor central para su desarrollo, influyendo directamente desde el periodo prenatal.
Según el documento, no basta con que las familias cuenten con recursos: lo determinante es que esos recursos y vínculos sean constantes y predecibles en el tiempo. Esto favorece el desarrollo saludable del cerebro y de otros sistemas del cuerpo, además de fortalecer habilidades socioemocionales y cognitivas.
Cuando en el día a día ocurren situaciones de inestabilidad, como cambios frecuentes de vivienda, inseguridad alimentaria o interrupciones en el cuidado, se puede generar estrés prolongado y afectar el aprendizaje, la salud y el bienestar desde la infancia hasta la adultez.
Hallazgos clave del informe
- La estabilidad en la infancia depende de una red interconectada de factores, como relaciones seguras con cuidadores, estabilidad económica del hogar, vivienda adecuada y acceso a servicios básicos.
- Las experiencias tempranas moldean el desarrollo del cerebro y otros sistemas del cuerpo, por lo que los entornos predecibles y seguros son especialmente importantes durante el embarazo y los primeros años de vida.
- La inestabilidad prolongada puede activar respuestas de estrés en el organismo, afectando el aprendizaje, la regulación emocional y la salud física en el largo plazo.
- Las políticas públicas en áreas como empleo, vivienda, salud, educación y protección social tienen un rol clave en la creación de entornos estables para la niñez.
El documento concluye que promover entornos estables para la niñez requiere una mirada integral que considere múltiples áreas de política pública. Factores como la estabilidad laboral de los cuidadores, el acceso a vivienda segura, sistemas de protección social confiables, educación y servicios de cuidado infantil de calidad son parte de una red de apoyos interconectados que permiten sostener el desarrollo infantil.
Fortalecer estas condiciones no solo beneficia a niñas, niños y a sus familias, sino que también contribuye a comunidades más saludables, equitativas y resilientes a largo plazo.
Una hoja de ruta para las políticas públicas
El reporte también plantea orientaciones para fortalecer entornos estables en la vida de niñas y niños. Entre ellas:
- Promover ingresos y horarios laborales más predecibles, que reduzcan el estrés familiar y permitan una crianza más presente.
- Fortalecer los sistemas de educación y cuidado, evitando cambios frecuentes de cuidadores y asegurando espacios seguros y estables para niñas y niños.
- Garantizar continuidad en servicios esenciales, como alimentación, salud y vivienda, incluso ante crisis económicas familiares.
El documento se encuentra actualmente disponible en inglés y busca aportar evidencia para orientar decisiones públicas y el trabajo de organizaciones que promueven el bienestar de la niñez.
Descarga el reporte completo aquí.
