Si queremos un mejor país, debemos aprender a confiar en los procesos colectivos

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04 de diciembre, 2025

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Equidad territorial y urbanismo
Martín Andrade

Estudió Arquitectura y hacia el final de esa carrera, comenzó a involucrarse en iniciativas sociales y descubrir su interés por temas urbanos, “lo que finalmente cambió mi vida para siempre”, cuenta Martín Andrade. “Decidí renunciar a mi trabajo y cofundar la fundación Mi Parque con la convicción de que se podía y se debía cambiar los entornos degradados en Chile por nuevas áreas verdes, a través una colaboración público-privada. Hoy, Mi Parque ya suma más de 400 proyectos en Chile, vinculación internacional, y más de 1 millón de personas beneficiadas”, comenta con orgullo.

Luego, con la idea de impulsar cambios a gran escala, fue el primer Coordinador Nacional de Parques Urbanos en el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU). Después de esa experiencia, y con el ánimo de seguir perfeccionándose, partió a estudiar a Australia, donde también trabajó en el equipo de planificación de la ciudad de Melbourne. Cuando volvió a Chile, fue Director del Parque Metropolitano de Santiago. Actualmente es Director Ejecutivo de la Corporación Ciudades, entidad cuya misión es disminuir la inequidad territorial en las ciudades. Dedicado hace más de 15 años a la búsqueda de soluciones para combatir la desigualdad territorial en áreas urbanas, Martín fue invitado a integrar la segunda generación de la Comunidad de Liderazgo Colunga y, como parte su programa de formación, a participar de la pasantía internacional Líderes para el siglo XXI en la Universidad de Harvard.

¿Cuáles son los principales nudos críticos sociales que ves en Chile y por dónde crees que debiésemos avanzar?

Lo primero que me viene a la mente es la confianza. Creo que el principal desafío del país es generar confianza. Sin ella, es muy difícil avanzar. Cuando hay confianza, podemos ponernos de acuerdo, construir juntos. Me ha tocado verlo en distintos ámbitos, desde la ciudad hasta el espacio público y me parece clave. La confianza no solo debe existir entre las instituciones y la ciudadanía, sino también dentro de las mismas comunidades. Muchas veces se nos hace creer que somos más distintos de lo que realmente somos. Pero cuando uno trabaja con la gente se da cuenta de que hay muchos puntos en común. Por eso, para mí, todo lo relacionado con el diseño urbano y la ciudad ha sido una herramienta social, un espacio de encuentro. Y, por último, la confianza no se impone, se construye con coherencia y trabajo. Si queremos un mejor país, debemos aprender a confiar en los procesos colectivos. Y eso es lo que me motiva cada día.

¿Cómo se ha ido forjando tu liderazgo en el camino que has recorrido?

En general escucho mucho y eso creo que me ha dado también una forma de liderar que es muy participativa. Me ha tocado hacerlo en momentos difíciles, donde uno a veces tiene que ser una persona más reflexiva, el que dice “a ver, esperen un poco” o “no esperemos, avancemos”. Esas cosas son pequeños detalles en la forma de liderar que creo me han hecho avanzar. He tratado de llevar esta lógica de la participación ciudadana, que partió en la Fundación Mi Parque, a todo lo que hago. Sentir que, por ejemplo, el diseño de los parques, plazas, tiene que ser participativo en todos los momentos: diseño, construcción e implementación. He tratado de hacer lo mismo en las distintas áreas en las que he trabajado. Si lo tuviera que resumir así, simplemente, es que diseño las cosas con las personas, no las concibo de otra manera, las trato de implementar en conjunto. Y, desde mi ámbito, soy un convencido de que si logramos ponernos de acuerdo en la ciudad que queremos, podemos construir un país mejor. Eso también diría que guía lo que hago.

¿En qué estabas cuando apareció la invitación a participar en esta Comunidad de Liderazgo? 

Creo que parte de la energía que tengo para hacer las cosas, tiene que ver con conocer y vincularse con gente maravillosa. Vi en este programa la oportunidad de compartir y tener conversaciones con otros, porque muchas veces liderar organizaciones tiene también un ámbito solitario, sobre todo cuando estás todo el día en la vorágine. Fue muy esperanzador porque en Chile hay gente muy buena trabajando en las organizaciones sociales. Y lamentablemente con estas crisis de confianza, hablamos con pocos, estamos más tímidos. Para mí, al menos, ha sido un “aleonamiento”.

¿Con qué sensación te quedas de esta oportunidad? 

Esta instancia que ha generado Colunga es muy enriquecedora. El poder compartir con gente increíble, es como cuando se dice “con ellos siento que iría a la guerra”. Esta red empuja a querer seguir haciendo cosas juntos. Pasa mucho que como estamos en un ecosistema eminentemente competitivo, más bien individualista y como no nos conocíamos tan bien, fue una instancia para de verdad conocernos, conversar sinceramente, entender los puntos de vista, conocer los contextos de cada uno más allá del personaje o rol de líder y fue maravilloso. Con este tipo de instancias se genera la confianza y es lo que posibilita todo el resto. En la medida en que se siga promoviendo esta vinculación, esta generación de confianza entre nosotros, estoy seguro que vamos a hacer grandes cosas.

Y en términos concretos, ¿qué aprendiste en la pasantía a nivel personal? 

A valorar el tipo de liderazgo que uno tiene, que uno es único. Y creo que eso fue bonito en lo personal. Lo otro que para mí fue muy interesante fue aprender sobre lo importante, en el proceso de liderazgo, de tomarte el tiempo para entender bien un problema. Algo que puede parecer muy obvio, pero creo que la complejidad y multiplicidad de los temas, exige tener un liderazgo menos ansioso. Entender también que somos animales de costumbres y que por lo tanto, el diseño y los desafíos adaptativos son paso a paso. Volvemos al tema de la ansiedad por la decisión, pero también la ansiedad por la ejecución. De alguna forma uno tiene que luchar contra las fuerzas que quieren todo antes. Y creo que el líder tiene que ser esa persona que también tiene que saber frenar para observar todos los ángulos. Es como al revés de estos tiempos, porque todo es inmediato, y a veces hay que resistir esta presión por la inmediatez de la decisión.

¿Qué crees que significa esta experiencia para aportar en los desafíos del país?

Tengo una columna semanal en una radio y ahí he insistido harto en volver a creer en esta relación entre la sociedad civil, el mundo público, privado… Volvemos al tema de la confianza. Es parte de mi ADN y es parte también de lo que creo que podemos hacer nosotros en esta Comunidad. Debiésemos tratar de ayudar a volver a recomponer el espíritu de estas organizaciones y tenemos un llamado potente a volver a articularnos. Hubo un momento donde la comunidad de organizaciones fue muy potente, había más épica y siento que con estas crisis de confianza nos vinimos abajo, cada uno se metió en lo suyo, empezamos a competir y esa épica se fue. Y justamente creo que instancias como esta pueden ayudar a reconstruirla. En lo particular, desde la Corporación Ciudades estoy tratando de recomponer la épica desde lo que llamamos “coaliciones”. Hay muchas instituciones sociales, pero cada una tiene un ADN distinto y se desvela por cosas distintas. Entonces se trata de englobarlas en torno a grandes temas y tener un actuar más gremial, por decirlo de alguna manera. Creo que ahí se pueden generar estos espacios de épica, de trabajar todos juntos en pos de causas comunes. Nosotros, por ejemplo, estamos trabajando en modo coalición el tema de la crisis climática (Barrios por el Clima), junto con otras cinco organizaciones que invitamos y con la idea de que se sigan ampliando más.

¿Qué rol crees que debería cumplir la sociedad civil para aportar al bienestar de la niñez?

Primero, hay que ser muy consciente de que todos en el espacio que estamos tenemos que ver fórmulas de vincularnos con la niñez. Es fundamental ser conscientes de que niñas y niños no se nos pueden quedar debajo de la mesa en lo que estamos haciendo. Esta instancia que propicia Colunga también puede ser una buena fórmula de empezar a poner eso en el chip. Por ejemplo, en el tema que yo trabajo, ¿cuánto participan los niños en los temas de ciudad? En Melbourne me tocó trabajar en algunos proyectos con temas de niñez y ellos tienen un directorio de niños vinculado con la municipalidad y ese directorio tiene un presidente. Ellos (niñas y niños) están en ese ADN de cómo se conforma la ciudad.

¿Y eso por qué no ocurre en Chile?

Aquí hay una dificultad que existe, pero tiene que motivarnos a pensar cómo acortar esa brecha con la niñez. Si no es posible incluirlos en las instancias que tú participas -ya sea diseñando, implementando proyectos, acompañando-, hay que generar eventualmente espacios paralelos. Muchas veces siento que hoy día, en ciertos temas, la comunicación principal de esta cuestión es la urgencia, el miedo, la proyección fatalista, que puede ser muy inmovilizadora. Las cifras y los reportes sirven, pero en el fondo, ¿dónde está la solución? ¿Dónde está la bajada concreta? Creo que ahí es importante generar coaliciones. Movilizarse en torno a temas, a través de un diagnóstico, encausar. Y para saber cómo avanzar, tengo que priorizar los temas urgentes y entender cuáles son las posibilidades que tengo, definir áreas de acción y así podría seguir hasta la concreción. Es muy importante hacer un camino, más que quedarte con el dolor de la fatalidad.

“Cuando hay confianza, podemos ponernos de acuerdo, construir juntos. Me ha tocado verlo en distintos ámbitos, desde la ciudad hasta el espacio público y me parece clave“.