La falta de redes de apoyo no solo afecta a quienes cuidan: también tiene consecuencias profundas en el desarrollo y bienestar de niñas y niños. En Chile, la crianza sigue siendo, en gran medida, una tarea solitaria, especialmente para mujeres que deben sostener el cuidado sin respaldo familiar, comunitario o institucional.

Diversos estudios muestran que esta realidad no es marginal. En muchos hogares, la responsabilidad del cuidado recae en una sola persona —mayoritariamente mujeres—, lo que limita sus oportunidades laborales, afecta su salud mental y condiciona el entorno en que crecen niñas y niños.

Cuando no existen redes de apoyo, el cuidado se vuelve más demandante y menos sostenible. Esto impacta directamente en aspectos clave del bienestar infantil, como el acompañamiento emocional, el tiempo disponible para el juego y el aprendizaje, y la estabilidad del entorno familiar.

En este contexto, comprender cómo la ausencia de apoyo influye en la vida cotidiana de las familias es clave para avanzar hacia un sistema de cuidados más justo, donde criar no sea una experiencia aislada, sino una responsabilidad compartida.

En el siguiente reportaje de Paula de La Tercera se profundiza en este fenómeno, visibilizando sus efectos y las historias que hay detrás de las cifras.