Con la participación de la investigadora de la Universidad de Rutgers y coautora de la serie de The Lancet, el Observatorio Niñez de Fundación Colunga abordó los desafíos globales y nacionales para garantizar un cuidado cariñoso, sensible y con evidencia en los «siguientes 1.000 días» de vida.
En el auditorio de Fundación Colunga se llevó a cabo el conversatorio «¿En qué invertir? Prioridades para la primera infancia», espacio que contó con la exposición magistral de Milagros Nores, Codirectora de Investigación del Instituto Nacional de Investigación en Educación Temprana (NIEER) de la Universidad de Rutgers. El encuentro se centró en la evidencia publicada en la prestigiosa revista The Lancet, que analiza los impactos sociales y económicos de invertir a tiempo en los primeros años de vida.
📌 Los «siguientes 1.000 días»: Una ventana de oportunidad decisiva
Durante su presentación, Nores enfatizó la necesidad de ampliar la mirada más allá del periodo que va desde la gestación hasta los 2 años, extendiendo la inversión prioritaria a los «siguientes 1.000 días» (entre los 2 y los 5 años de edad).
Esta etapa representa un periodo de crecimiento acelerado de las habilidades cognitivas, motoras, del lenguaje y socioemocionales. Además, constituye una ventana de especial sensibilidad para:
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Consolidar las ganancias obtenidas en los primeros 1.000 días.
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Mitigar riesgos ambientales y fortalecer factores protectores.
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Recalibrar trayectorias de desarrollo en aquellos casos donde se hayan perdido oportunidades tempranas.
💡 El costo de la inacción: Retornos de hasta 19 veces la inversión
Uno de los ejes más potentes expuestos por Nores fue el impacto económico y social de postergar las inversiones en educación y cuidado temprano:
«Proporcionar al menos un año de educación inicial universal cuesta menos del 0,5% del PIB en la mayoría de los países, mientras que sus beneficios superan entre 8 y 19 veces la inversión realizada».
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Relación beneficio-costo: Garantizar al menos un año de Educación y Cuidado de la Primera Infancia (PECs) de alta calidad genera beneficios que multiplican significativamente el costo de su provisión en países de ingresos medios y altos.
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Costo de la inacción: No garantizar educación inicial universal genera una pérdida de productividad futura que alcanza un promedio global del 3,0% del PIB, oscilando entre el 2,4% del PIB en países de ingresos medios-altos y el 6,8% en países de bajos ingresos.
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Sostenibilidad económica: Financiar esta cobertura representa en promedio un costo inferior al 0,5% del PIB en entornos de ingresos medios y bajos, posicionándola como una de las políticas de mayor rentabilidad social.
📊 ¿Qué intervenciones muestran mayor efectividad?
A partir de una revisión exhaustiva de 100 estudios a nivel mundial (con más de 950 estimaciones de impacto), la investigación presentada por Nores destaca la efectividad de distintas estrategias de apoyo a la niñez:
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Programas de crianza y educación parental: Muestran el efecto promedio más alto en el desarrollo infantil (0,38 desviaciones estándar), con impactos sobresalientes en las dimensiones cognitiva (0,40) y socioemocional.
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Educación y Cuidado de la Primera Infancia (PECs): Registran un alto impacto en el desarrollo cognitivo, lenguaje y preparación escolar (0,34 desviaciones estándar), con efectos positivos y duraderos observados a los 15 años en pruebas internacionales como PISA.
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Programas de nutrición: Muestran un impacto positivo (0,16 desviaciones estándar), clave para promover el crecimiento adecuado y prevenir problemas de talla y malnutrición por exceso.
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Transferencias monetarias: Tienen un efecto moderado (0,13 desviaciones estándar), alcanzando sus niveles más altos de efectividad en la región de América Latina y el Caribe.
🏫 La educación inicial como plataforma multisectorial
Milagros Nores subrayó que los centros de educación parvularia no solo deben entenderse como espacios de aprendizaje pedagógico, sino como una plataforma multisectorial integrada. A través de ellos es posible articular:
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Tamizaje y monitoreo continuo del desarrollo y crecimiento infantil.
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Programas de nutrición y alimentación saludable que aborden el sobrepeso y la obesidad.
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Entornos de juego y protección frente a la violencia y el estrés.
Sin embargo, la investigadora hizo hincapié en que la cobertura por sí sola no basta: la calidad estructural y de procesos es indispensable. Esto requiere pedagogía basada en el juego, materiales de aprendizaje pertinentes, interacciones adulto-niño de alta calidad y un cuerpo docente capacitado, valorado y bien remunerado.
🇨🇱 Conexión con los desafíos de Chile
El encuentro incluyó un espacio de conversación conducido por Paloma del Villar, Directora del Observatorio Niñez de Fundación Colunga, en el que se cruzaron los hallazgos internacionales de The Lancet con la realidad nacional documentada en la Agenda de Primera Infancia 2026.
Durante el diálogo se abordó la urgente paradoja nacional: mientras la evidencia científica demuestra el alto retorno de la inversión temprana, los presupuestos públicos en Chile han presentado reducciones en áreas críticas de la educación parvularia y en programas de los primeros mil días. El conversatorio concluyó con un llamado a aprovechar la ventana demográfica del país para reorganizar las prioridades presupuestarias de cara al ciclo 2026-2030, situando a las niñas y niños en el centro del desarrollo social y económico de Chile.














