En Chile, hacen falta líderes que busquen el bien común. Creo que con esta generación buscamos justamente eso
Gestión pública y niñez
Blanquita Honorato
Psicóloga y Magíster en Administración Pública, Blanquita Honorato ha dedicado su carrera a velar por el bienestar integral de la niñez y adolescencia. Comenzó hace 15 años, cuando recorrió todos los Centros Residenciales de Administración Directa (CREAD) y demás programas del Servicio de Protección con motivo del rediseño del Sename, donde vio que el hacinamiento era el menor de los problemas. Esa fue la primera vez que se enfrentó a la realidad de la infancia vulnerada en Chile y se decidió a trabajar por sus derechos. Desde entonces ha sido parte del Estado y la sociedad civil. Fue directora ejecutiva de la Fundación Padre Semería, y la Fundación Candelaria Apoya, también estuvo cuatro años en la Subsecretaría de la Niñez, primero como jefa de la División de Promoción y Prevención y más tarde como subsecretaria, durante el segundo gobierno del expresidente Sebastián Piñera.
Ser parte de la segunda generación de la Comunidad de Liderazgo Colunga la motivó a tomar nuevos desafíos. Hoy es la administradora municipal de San Miguel y es primera vez que no tiene un cargo estrechamente relacionado a la niñez. “Es una posición de liderazgo, porque es la segunda autoridad después de la alcaldesa. Y, claro, ahora veo otros temas, pero el liderazgo no tiene que ver con el tema, sino con las cualidades que uno tiene y de no ser por esta experiencia, no hubiera tomado el desafío de probar esas cualidades en otras áreas”, señala.
¿Cuál es tu visión de Chile hoy día? ¿Dónde crees que están los principales problemas o nudos sociales y cómo podemos avanzar?
Creo que, como país, estamos mejor de lo que nosotros mismos decimos. Hay una visión muy negativa. Hace 30 o 40 años, las cosas eran distintas y hoy hay más oportunidades, hay más conciencia del respeto a los derechos humanos y los derechos de las distintas personas. Si bien estamos pasando por varias crisis, estamos mejor de lo que la gente en general dice que está. Ahora, creo que la principal crisis es de liderazgo. Los líderes actuales se mueven más por el poder que por el liderazgo en sí mismo. Siento que los partidos políticos y las autoridades buscan poder en vez de llevar a los chilenos a un mejor lugar.
¿Sientes o sentías desde antes que podrías ser una líder?
Sí y no. Es parte de lo que hemos trabajado en el programa de la Comunidad de Liderazgo de Colunga. He estado en posiciones de liderazgo y sé que lo hago bien, pero siempre está la duda de saber si soy lo suficientemente buena y la culpa de decir que soy buena. Tengo cuatro niños, entonces también me pasa que siento esa culpa de la madre trabajadora que nunca se siente suficientemente buena en ningún lugar. Por eso, si bien sé que tengo las capacidades para ser líder, a veces me siento en deuda o en falta.
¿En qué momento te diste cuenta de que podías ser una líder y marcar una diferencia?
Más que un momento, la vida me ha dado oportunidades. Cuando me nombraron subsecretaria (de la Niñez) pensé que si me pusiera las pilas y quisiera avanzar en esta línea, podría tener puestos de más autoridad. Y es lo que me gusta, liderar lo público. Entonces, sí, creo que fue ahí. Después, con esta experiencia como parte de la Comunidad de Liderazgo Colunga, siento que he encontrado esos espacios de mejora donde puedo ir explorando nuevas formas de ejercer liderazgo y que me podrían llevar a ser una mejor líder.
¿Cómo ha sido tu trayectoria, tu camino hacia este punto?
Desde chica he estado en estas posiciones, fui presidenta de curso, presidenta del centro de alumnos del colegio, después de la universidad. La mayor parte de mi vida he estado en estas posiciones, es algo innato que me surge. Después, la subsecretaría fue clave, un momento para replantearme y en el que decidí que era necesario generar más habilidades. Allí me di cuenta de que, si uno quiere incidir y ser un buen líder, tienes que prepararte más. Así podría aportar bien a las oportunidades que me estaba dando la vida. Entonces, la oportunidad de Colunga fue increíble. Me abrió otros espacios, me sacaron de mi zona de confort, conocí otras personas y formas de trabajo, y también otras temáticas.
Fuiste directora ejecutiva de la Fundación Padre Semería y de Candelaria Apoya. ¿Cómo fue esa experiencia trabajando en la sociedad civil?
Tiene cosas buenas y malas. Por una parte, tiene toda la flexibilidad que el Estado no tiene. Uno puede apalancar recursos y colaboración de privados, que es más difícil en el sector público, porque hay más restricciones y reglas, más burocracia. En cambio, en las fundaciones hay más libertad de acción. Pero también hay un cambio generacional. Los directorios de las fundaciones sienten que son beneficencia o de caridad. Siento que, para las generaciones con las que me muevo, es algo mucho más profesional, donde los valores personales no dictan la manera de ejecutar un programa o iniciativa. Ese fue mi mayor desafío.
¿Cómo describirías el momento en que te diste cuenta de que había un problema en la sociedad que no se había podido resolver y que tú podías aportar?
Siempre supe que había un problema. Pero me di cuenta de que había una solución cuando salí de la universidad. Ahí entendí que podía trabajar en esto y hacer un cambio. En la medida que me fui moviendo hacia esa dirección, pude ver que las posibilidades eran muchas. Quizás no era lo más lucrativo, ni lo más fácil de abordar en la vida profesional, pero sí era muy gratificante y eso le gana a cualquier otra cosa.
¿En qué estabas cuando te invitaron a ser parte de la Comunidad de Liderazgo Colunga? Consideras que, de alguna forma, fue un punto de quiebre en tu carrera?
Era la directora ejecutiva de la Fundación Candelaria Apoya y estaba en búsqueda de ese espacio de formación que me permitiera ejercer posiciones de liderazgo con mayores herramientas de las que sentía que tenía en ese momento. Y sí, fue un punto de quiebre en varios niveles. A nivel profesional, primero, uno puede tener oportunidades y tomarlas, pero en general me muevo en el mundo de la niñez, que es pequeño, y uno tiene ahí cierto reconocimiento, pero que te reconozcan desde fuera, para mí ya era un honor. Lo segundo, un punto de quiebre gigante fue que sabía que necesitaba más herramientas, pero entre los aprendizajes y la gente que conocí, me di cuenta de todo lo que me faltaba. Para mí siempre es bueno un desafío. Este me abrió otras puertas a tratar de superarme y eso me encanta. Ya en lo personal, siempre he tenido la culpa de la mamá que trabaja, me siento en falta tanto en mi casa como en la pega. Pero este reconocimiento me hizo pensar que quizás no voy tan mal.
Y hablando de Harvard, tú asististe al programa Emerging Leaders. ¿Qué expectativas tenías de esta pasantía antes de llegar?
Tenía muchos nervios. Estar lejos de mi casa era una cosa, pero además temía no dar el ancho. Es parte de mi “rollo” interno. Uno se imagina que la vida es distinta y que la gente es mucho mejor que uno, entonces no sabía si iba a cumplir bien con esto. Pero llegué allá y fue como si se me destapara un lado del cerebro. Me abrió un mundo de oportunidades, conocimientos, habilidades y contactos que ni siquiera estaba dentro de mis expectativas. Entonces fue muy sorprendente y enriquecedor.
¿Qué aprendizajes concretos pudiste adquirir con la experiencia?
Creo que son tres aspectos. Primero, conocí personas que hacen cosas muy distintas a mí y con ello me di cuenta de que el liderazgo es muy parecido en los distintos contextos. A pesar de hacer cosas diferentes, encontramos puntos en común en nuestras habilidades. La experiencia de otros siempre es muy enriquecedora y uno no debe sesgarse por los contextos de dónde vienen, sino que abrirse más. Por otra parte, aprendí las habilidades del siglo XXI, que son muy distintas a las habilidades de liderazgo con las que me educaron, que tienen que ver con el poder o la autoridad. Las que aprendí tienen que ver más con una cosa colaborativa y adaptativa de los distintos perfiles con los que uno trabaja. Lo tercero, es que a veces uno tiene miedo y se corta las alas, pero así se pierden muchas oportunidades. Más allá del conocimiento, creo que este es uno de mis grandes aprendizajes.
¿Qué ha significado para ti esta red de liderazgo y cómo crees que podrían impactar a nivel nacional?
Para mí, esta Comunidad de Liderazgo ha sido eso también: una comunidad donde uno puede recurrir a gente que antes no conocía y pedir ayuda. Es una red de apoyo de líderes, algo que no tenía y ha sido muy valioso. En Chile, hacen falta líderes que busquen el bien común. Creo que con este grupo buscamos justamente eso. Podemos incidir en los distintos ámbitos donde nos vamos moviendo y generar espacios de mejora en la sociedad. Considero que el aporte que hace Colunga es fundamental al dar esa oportunidad de formar buenos líderes que trabajen para el resto.
Y desde tu área de trabajo, ¿cuál crees que es el desafío más grande o importante que tenemos en este momento?
Voy a hablar desde lo público y, desde ahí, creo que el desafío más grande es volver a ganarse la confianza de la gente y que quienes ocupen los puestos de liderazgo de verdad estén preparados para ejercerlo. Esto va unido: lo primero se logra con lo segundo, en el sentido de que un líder real, genera la confianza que requieren las personas a las que está liderando.
¿Cómo crees que desde tu área de trabajo podemos generar cambios que se traduzcan en una mejor niñez en el país?
Siento que los temas de niñez han sido como un botín político. En el sentido de que los puestos de autoridad de estas temáticas, en general, no han estado ocupados por personas que sepan del tema ni estén preparados. Esto lo estoy diciendo históricamente. Pero seguimos avanzando. La creación de la Defensoría de la Niñez y de la Subsecretaría de la Niñez crean el marco institucional para mejorar, pero es necesario asegurarnos de que quienes estén en esas posiciones no busquen el poder por el poder, sino que quieran mejorar la vida de los niños y niñas, especialmente los más vulnerables de Chile.
“A pesar de hacer cosas diferentes, encontramos puntos en común en nuestras habilidades. La experiencia de otros siempre es muy enriquecedora y uno no debe sesgarse por los contextos de dónde vienen, sino que abrirse más“.