Hoy se necesitan liderazgos con mucha conciencia de humanidad

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04 de diciembre, 2025

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Organizaciones sociales y desarrollo sostenible
Nicole Romo

Con más de 20 años de experiencia en el trabajo con organizaciones de la sociedad civil y el Estado, los focos de trabajo de Nicole Romo siempre han sido la superación de la pobreza y exclusión social, la participación ciudadana, las políticas sociales y el desarrollo sostenible.

Sus experiencias laborales partieron a comienzos de los 2000, ejerciendo como trabajadora social directamente en el territorio con familias y comunidades en situación de pobreza. Durante seis años y hasta el 2021 dirigió el área de incidencia en la Comunidad de Organizaciones Solidarias (COS) y fue jefa de la División de Cooperación Público-Privada del Ministerio de Desarrollo Social y Familia (2022 al 2024), donde conoció el Estado, liderando el diseño de la estrategia de implementación de la Agenda 2030. Hoy es Directora de Comunidades de Sistema B Chile, una organización que impulsa a empresas que buscan desarrollar sus negocios con un impacto positivo en lo económico, social y ambiental.

Cuenta que desde joven tuvo un fuerte interés en lo social. “Crecí en una comunidad donde vi de cerca las desigualdades y eso marcó mi camino. A los 12 o 13 años ya tenía claro que quería dedicarme a trabajar en proyectos que ayudaran a reducir esas inequidades”, recuerda. Pero dice que solo cuando fue invitada a ser parte de la segunda Comunidad de Liderazgo Colunga y a participar del programa Liderazgos para el siglo XXI de la Universidad de Harvard, le tomó el peso a su liderazgo.

¿Por qué crees que antes no te habías detenido a pensar en ello?

Siempre he sentido que he hecho lo que he tenido que hacer, no por obligación ni por liderar, más bien desde lo que siento y cómo creo que debo contribuir. En mi camino personal hubo una decisión muy temprano en mi vida, de querer ser alguien que contribuyera a la sociedad, pero jamás me pensé liderando. Participé en voluntariados, actividades comunitarias y luego estudié Trabajo social, alineada con ese propósito. Mi primer trabajo fue en la Fundación Cristo Vive y con los años fui entendiendo que el trabajo social no solo debe enfocarse en la atención directa, sino también en la incidencia en políticas públicas. Ahí comenzó una etapa distinta, donde busqué influir en cambios estructurales desde la sociedad civil. Con el tiempo, me di cuenta de que mi trabajo generaba impacto y que otras personas se sumaban a las iniciativas que impulsaba.

Con todo ese camino recorrido, ¿dónde ves hoy los principales nudos críticos sociales en Chile y por dónde deberíamos avanzar como país? 

Creo que uno de los grandes desafíos es la confianza. La falta de confianza entre las instituciones, la ciudadanía y los distintos sectores de la sociedad impide llegar a acuerdos y avanzar en cambios  estructurales. Esto no es aislado, sino parte de una crisis global, donde vemos tensiones sociales, avances y retrocesos en derechos humanos, cambios en el modelo económico y el impacto de la tecnología en las relaciones humanas. Estamos en un país que todavía no sabe vivir en la diferencia. Nos relacionamos y nos abrazamos solo con los que pensamos igual o similar, pero no sabemos cómo son aquellos que piensan distinto. En esta disputa mi sensación es que hay un mundo político que se pasa la cuenta a cada rato. Eso impide que los temas avancen, que los cambios se realicen. Y quienes quedan al medio, sintiendo un poco la orfandad de quien hoy día lo representa, son las personas.

¿Qué tipo de liderazgos crees que se necesitan para resolver esos problemas? 

Liderazgos hay, pero se necesitan liderazgos con mucha conciencia de humanidad. Tener las herramientas es un paso, pero tiene que haber algo fundante en un liderazgo que es ese sentido de humanidad, con todas las complejidades que eso tiene: la diversidad, el cuidado, el desarrollo en equilibrio. Que convoquen, que sean ecuánimes, que tengan capacidad de transitar, de cruzar puentes, de no tener ningún problema de sentarse a hablar con un lado y el otro, y que eso no se deslegitime. Y además, por supuesto, con las herramientas necesarias para poder llevar eso adelante para que se traduzca en acción, en estrategia, en buenos equipos que  permitan efectivamente lograr transformaciones, cambios, miradas de mediano y largo plazo.

¿En qué en qué estabas cuando apareció la invitación de Colunga para participar en la Comunidad de Liderazgo?

Estaba hacía poco trabajando en Sistema B. Y me sorprendió que me llamaran. Había visto a la primera generación y pensé “qué buena comunidad”. Conocía a varias personas y estaba muy contenta por ellos. Entonces cuando me  invitaron, no lo podía creer. Ser parte de ella ha sido un regalo. Creo que Colunga le subió el estándar al tipo de formación, al tipo de acompañamiento y a la oportunidad de irnos afuera. En el curso (de Harvard), los ocho chilenos que participamos éramos los únicos de la sociedad civil, todos los demás eran representantes de gobiernos o del sector privado, de diversas partes del mundo. Fue una alegría sentirse de igual a igual, sentir que la sociedad civil merece el mismo estándar que, por ejemplo, el gerente de una petrolera. Es un salto significativo que está haciendo Colunga: la señal que está entregando con este programa es justamente aportar al valor que tienen las personas que, en este caso, hemos dedicado la  vida a la sociedad civil y los tipos de liderazgo que queremos construir. Es una señal muy potente para la sociedad.

¿Cómo ha sido compartir con el grupo y también las instancias de diálogo que se han dado entre ustedes?  

Eso es parte central de la riqueza de este proceso. No hubiese sido lo mismo ir sola a este curso en Harvard, que haberme ido con estas ocho personas de la comunidad. Eso hizo que la experiencia fuera mucho más enriquecedora. Es fascinante escuchar a las otras personas de la comunidad: nutre de miradas distintas y también hace sentir que es un espacio donde podría plantear un desafío, un problema, y sé que la comunidad va a estar disponible. Siempre navegar  con otros es mucho mejor, todos los aprendizajes  se multiplican cuando los vives con otras y otros. Porque no es sólo lo que tú entendiste, sino que eso se ve amplificado y también es recibido por otros. Tener la posibilidad de compartirlo hace que todo aprendizaje se multiplique.

En términos concretos, en lo personal, ¿qué aprendizajes te trajiste?

El concepto del liderazgo adaptativo, identificar qué es un desafío adaptativo, qué es un desafío técnico, para mí fue como una explosión: un antes y un después. Mirar, en mi caso, mi organización, las cosas que estoy haciendo, hacia dónde queremos ir, cómo abordar estos desafíos adaptativos, fue clave. También cosas simples. Por ejemplo, cómo formular preguntas. Mirarme al espejo y preguntarme qué tipo de liderazgo tengo y cuál quiero tener, o cuáles son las brechas que tengo que mirar más en profundidad y poder abordarlas.

¿Cómo crees que esta red podría generar un impacto a nivel país?

Uno sabe dónde empieza y no dónde termina. Estoy empujando muy fuertemente que esta Comunidad de Liderazgo tenga una proyección  hacia adelante, más allá de las instituciones y las causas en las que cada uno está. Aquí hay personas que tienen un liderazgo importante, que hemos tenido esta tremenda oportunidad de formarnos, de crecer, de pegarnos un salto importante de crecimiento del ejercicio del liderazgo. Creo que quienes conformamos esta red de personas tenemos que ser capaces de ocupar un espacio que hoy, desde la sociedad civil, está vacío en el país. Lograr construir una voz común, que pueda incidir en la agenda pública, más allá de las instituciones que hoy está liderando cada  uno. Hay una responsabilidad que trasciende los cargos y esa responsabilidad colectiva tiene que ser ocupada y puesta al servicio de toda la sociedad. Ojalá este espacio también sea una plataforma para que las personas puedan saltar a otros espacios, asumir nuevos desafíos y que otros también se vayan sumando.

¿Cómo crees que debiéramos buscar el bienestar de la niñez en el escenario de policrisis que estamos hoy?

Entendiendo que el adulto/a que esa niña o ese niño serán mañana se funda en la niñez, en la experiencia que está teniendo hoy. Ese adulto no va a ser comprometido, ni va a tener una buena salud, ni un compromiso con la sociedad, si no conoce esas experiencias en la niñez. La sociedad civil tiene que generar las condiciones estructurales para que toda persona que nace en este país pueda desarrollarse en todas sus dimensiones, que tenga una vida sana, no sólo sana físicamente, sino que sana socialmente, biológicamente, espiritualmente. La sociedad civil tiene que tener una narrativa y una postura en eso. Si quieres construir adultos, personas comprometidas, viviendo adecuadamente su ciudadanía, convivencia cívica en paz, cohesión social, esas son experiencias que tenemos que tener y construir desde el momento que llegamos al mundo. La niñez merece un espacio de participación política y merece ser incluida en conversaciones con los grados de incidencia adecuada. No pueden ser ignorados y aparecer en la agenda cuando cumplen 18 años.

“Si quieres construir adultos, personas comprometidas, viviendo adecuadamente su ciudadanía, convivencia cívica en paz, cohesión social, esas son experiencias que tenemos que tener y construir desde el momento que llegamos al mundo”.