Somos un engranaje, un aporte en este camino de transformación cultural respecto a la educación inclusiva e integral, al desarrollo socioemocional y al bienestar de los niños y niñas

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04 de diciembre, 2025

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Educación
Marcelo Maira

Desde su casa en Frutillar, región de Los Lagos, y en medio de las preparaciones para comenzar un viaje por Escocia, Inglaterra, Gales e Italia, Marcelo Maira se hace un tiempo para tener esta entrevista. Su viaje se debe a una pasantía autogestionada que planeó gracias al programa de formación de la Comunidad de Liderazgo Colunga, donde además de trabajar con diversas organizaciones, finalizará con un curso en el Centro Internacional De Loris Malaguzzi de Reggio Emilia. Marcelo es músico (de profesión y pasión), y educador (de oficio y pasión), y estas dos vocaciones lo llevaron a fundar y dirigir la Fundación Educativa Creatividad, Aprendizaje & Innovación (CAI). Gracias a su creatividad y liderazgo, ideó una metodología inclusiva para mejorar la calidad de la educación en Chile a través del juego, sobre todo de niñas y niños con necesidades especiales relacionadas al neurodesarrollo.

¿De dónde nace tu conexión con la música? 

Desde chico fui una persona muy inquieta y con mucha habilidad física, pero también muy sensible. Entonces, tenía una activación, un sistema auditivo muy despierto y a los 5 o 6 años me acuerdo que mi profesora de primero básico me mostró la música. Lo hizo en colores, con el metalófono y de una manera muy lúdica. Ella me abrió esa puerta. Después, un amigo muy querido, a los 12 años por cosas de la vida, me mostró la flauta y me conecté con esa acción. El tocar música requiere mucha perseverancia, pero requiere también el gusto por estar solo con otro cuerpo que te habla y que vibra, y mi personalidad conectó siempre con ese tipo de cosas.

Marcelo estudió composición y arreglos en música popular en la Escuela Moderna de Música entre 1999 y 2000, flauta en jazz en el Conservatorio Superior de Colonia (Alemania), y se perfeccionó en La Habana (Cuba). Años después, volvió a Alemania gracias a una pasantía y tuvo un punto de inflexión en su vida. Cuenta que en Wuppertal, trabajó con una orquesta de improvisación dirigida a través de señas, donde los propios músicos dirigían la orquesta con gestos muy simples. La música era bastante experimental, rara, ruidosa, pero era creada en el momento.

¿Cuándo conectas tu pasión por la música con ayudar a otros?

Me fascinó tanto esa experiencia con la orquesta de improvisación que, de vuelta en Chile, decidí replicarlo, y formé TárabusT Ensamble. Con esto me fui virando a lo experimental y dejé de lado todas las pegas que no me gustaban. ¡Hasta en funerales me llamaban para tocar! Entonces, estábamos en un ciclo de conciertos en Valparaíso, son esta orquesta de señas, cuando llegaron unos 30 estudiantes con discapacidad intelectual, todos tomados de las manos con sus profesoras. Se hacían notar porque nuestro público eran tres o cuatro personas normalmente, pero además, comenzaron a interactuar, y se estimulaban y movían de manera espontánea. Regresaron a la semana siguiente y terminaron dirigiéndonos a nosotros con signos muy sencillos: “toca tú”, “silencio”, “más fuerte”. Todo de manera muy espontánea. Ahí es cuando decido volcarme por completo y partir un proceso de experimentación sonora con personas con discapacidad.

¿Qué sentiste en ese momento, estando arriba del escenario y viendo a un montón de niños dirigiéndolos? 

De una manera súper visceral y de la guata, sentí que estaba puro perdiendo el tiempo y me cuestioné todo lo que había hecho hasta el momento como artista. Sentí que hacía algo que carecía de sentido y me fui volcando hacia algo más social. Ahí conecté con un propósito que fui descubriendo muy profunda y cuidadosamente. Hubo un crash y, junto con gente maravillosa y muy talentosa, construimos algo que hoy día es un aporte concreto. Una metodología que transforma procesos de aprendizaje, donde abordamos la educación inclusiva con calidad óptima para todas y todos, sin importar su condición. De ahí, luego de un proceso muy largo, nace CAI. Entonces, fue muy potente ese momento y me hizo sentir que mi misión tenía que ver con abrir mi mundo para conectarme y poder agregar valor a la sociedad desde otro lugar.

¿Dónde crees que están los principales desafíos de la sociedad hoy y cómo podemos enfrentarlos?

Creo que la educación es el área que no se ha sabido llevar con la responsabilidad que merece. Se hacen avances, se habla mucho, pero todavía falta bastante para lograr una educación de calidad, porque hay candados sistémicos que no se han logrado resolver. En el caso nuestro, el tema de la de la inclusión, en 2023 salió la Ley TEA, que es un avance, pero todo lo que dice ya estaba en el enfoque de derecho y se decía en la Ley de Discapacidad que fue promulgada en el 2010 en Chile. Entonces, después de 13 años, se vuelve a decir lo mismo y es peor aún, porque los profes siguen sin preparación. Si queremos avanzar en política pública, tenemos que preparar mejor la bajada y puesta en marcha de esa ley. Hoy el Ministerio de Educación obliga a las escuelas, tanto públicas como privadas, a incluir estudiantes con alguna discapacidad del neurodesarrollo, pero no se hacen cargo de cómo los van a recibir. Nos hace falta coherencia, cohesión y entrega de herramientas, y eso se repite con muchas cosas.

Esos problemas se resuelven, en buena parte, con liderazgos preparados para esos desafíos. ¿Sentías que tú eras alguien que jugaba un rol en ese juego? 

Desde antes no, jamás pensé que tenía habilidades para trabajar con personas autistas. Es algo que fui descubriendo. Partí muy de la nada con dos colegas haciendo talleres, y esto fue creciendo de a poco, muy orgánicamente hasta hoy. El año pasado impactamos directamente a más de 1500 personas, que es muy potente, pero nosotros no vamos a cambiar el mundo, ni el sistema. Somos un engranaje, un aporte en este camino de transformación cultural respecto a la educación inclusiva e integral, al desarrollo socioemocional y al bienestar de los niños y niñas.

¿Cuándo te diste cuenta de que podías ser un líder?

Desde chico tuve una personalidad de liderazgo, entre amigos y en los deportes, pero en el colegio me decían que era un líder negativo porque era inquieto, impulsivo y me portaba mal. A pesar de eso, desde muy chico supe que tenía una fuerza y energía de explorador, un espíritu de liderazgo. Hace algunos años ni en sueños lo podía decir, no me sentía capaz, pero hoy sí, soy un emprendedor social.

Sobre el programa de Liderazgo Colunga, que incluye una pasantía fuera de Chile y decidiste autogestionar la tuya. Partes en unos días. ¿Cuáles son tus expectativas y qué aprendizajes te gustaría traer? 

Cuando supe que podía armarla, se encendió mi espíritu explorador y no pude pensar en otra cosa. Vengo colaborando con gente en Europa que trabaja en educación, así que voy dos semanas a trabajar con programas de gobierno y fundaciones internacionales que han escalado sus programas a nivel de política pública. Voy a aprender distintas metodologías, casos puntuales y cómo identificar barreras. También voy a inspirarme y a activar redes. En el fondo mezclé cómo incorporar herramientas de liderazgo, pero también cómo incorporar herramientas técnicas para poder hacer mejor la pega en mi quehacer y que estén en la sintonía del quehacer de CAI.

Ser parte de la Comunidad ha significado, en el camino, crear una comunidad. ¿Cómo ha sido ser parte de este grupo y qué reflexiones te despierta? 

Ha sido maravilloso encontrar gente con distintos propósitos, todos con una profundidad y compromiso tan potente que nos une. Las conversaciones son potentes y genuinas. Cada uno es una joya humanamente hablando y eso ha sido muy lindo. Queremos y vamos a seguir juntándonos, esto no puede acabarse ahora. Colunga quiere formar una red de impacto real, seguir empujando a estos líderes porque van a seguir haciendo cosas, independiente de la institución que dirijan. Y nosotros queremos seguir trabajando juntos como comunidad y estamos en eso, reflexionando hacia dónde apuntar para poder mover la aguja en algún área. El mundo no lo podemos cambiar, pero sí se pueden hacer adecuaciones, cambios y normativas que apalanquen transformaciones.

¿Tienes alguna idea concreta de los cambios que podrían generar en la realidad nacional gracias a este programa? 

Creo que en temas de niñez vamos a poder incidir. Queremos impactar y asegurar las condiciones propicias en residencias y centros de niñez, y sobre todo en cómo logramos transformar la capacidad de los docentes. Porque cuando se habla de la calidad de la educación del niño o niña, si no se trabaja con los profes y otros roles dentro de la educación, no vas a lograr nada. Nosotros hemos trabajado con miles de estudiantes, pero cuando nos vamos, el beneficio se va con nosotros. Por eso hoy día estamos haciendo un cambio bien importante, que es abrirnos más y trabajar con las bases curriculares del Ministerio (de Educación) y cómo, desde nuestra metodología y visión, podemos complementar y transformar ciertos contenidos específicos que son fundamentales para el desarrollo integral del niño o niña. Entonces, ahí es donde uno tiene que ver cómo puede quebrar y cambiar ciertos patrones que son parte del sistema. Hoy más que nunca hay que capacitar e instalar competencias en el manejo de aulas diversas y de estudiantes neurodivergentes, uno de los puntos críticos del contexto educativo.

¿Qué rol debería cumplir la sociedad civil para aportar al bienestar de la niñez? 

A veces nos pasamos mucho tiempo en la reflexión que, sin acciones concretas, no valen nada. Nuestro trabajo nació a través de las experiencias con personas autistas con muchas necesidades de apoyo y fuimos modelando y midiendo la metodología. Esto que generamos en ese nicho es ahora un valor agregado para todas y todos, no solo para personas autistas. Entonces, ahí está lo interesante y esperanzador para nosotros. Tenemos que ponernos de acuerdo, identificar prioridades y estrategias concretas para poder instalar metodologías y crear acciones.

“Si queremos avanzar en política pública, tenemos que preparar mejor la bajada y puesta en marcha de esa Ley (TEA). Hoy se obliga a  las escuelas a incluir estudiantes con alguna discapacidad del neurodesarrollo, pero no se hacen cargo de cómo los van a recibir”.