La infancia es el espacio donde podemos generar el mayor impacto para el futuro. Si logramos cambiar la realidad de niñas y niños, estamos transformando la sociedad a largo plazo
Niñez en residencias de protección
Magdalena Simonetti
Trabaja hace 18 años en organizaciones de la sociedad civil, promoviendo oportunidades de desarrollo para las personas que viven en pobreza, exclusión, desigualdad y vulneración de sus derechos. Hoy es Directora Ejecutiva de Juntos por la Infancia, entidad cuyo propósito es impactar positivamente en el bienestar de niñas, niños y adolescentes que viven en residencias de protección de la red de colaboradores del estado. De alcance nacional, este proyecto gestiona alianzas de colaboración con el mundo público y empresarial, la academia y fundaciones y corporaciones.
Hablando de su historia personal, Magdalena cuenta que desde siempre ha sentido una sensibilidad especial por la infancia y que ese interés se fue profundizando con el tiempo. Desde su etapa escolar participó en voluntariados y proyectos sociales, lo que sumado a los años universitarios en la carrera de psicología, le hicieron ir “comprendiendo que la niñez es una etapa determinante. Una niña o niño que no recibe cuidado, protección y afecto enfrenta enormes barreras para su desarrollo”.
¿Por qué es tan relevante para ti?
La vulneración de la niñez es algo que realmente me duele, me alarma, me sorprende y me preocupa, porque sigue creciendo. En Chile, cerca de un cuarto de los niños vive en situación de pobreza y muchos enfrentan violencia en distintas formas. Es un problema multisistémico y multicausal, que requiere una mirada integral. No basta con garantizar lo básico como alimentación y techo; debemos enfocarnos en la protección emocional y en romper ciclos de vulnerabilidad. La infancia es el espacio donde podemos generar el mayor impacto para el futuro. Si logramos cambiar la realidad de estos niños, estamos transformando la sociedad a largo plazo.
¿Sientes que en algún momento detectaste una nueva forma de hacer las cosas frente a estas problemáticas complejas?
Siempre estuve en la sociedad civil y me ha pasado en los últimos siete años, en Juntos por la infancia, que descubrí que las temáticas sociales, desde las bases, se pueden llevar al mundo empresarial con una fuerza importante. He descubierto que hay una apertura mayor de la que imaginaba para abordar desafíos sociales desde el sector privado. Ese rol más de bisagra, creo que es algo bien distintivo de lo que hago y ahí hay una oportunidad enorme. Las empresas tienen mucho que aportar a la sociedad civil como, por ejemplo, en ámbitos de gestión y desarrollo organizacional, pero también a través de cupos laborales para jóvenes que requieren un primer empleo para cambiar su trayectoria de vida. Por otra parte, lo que sucede en los voluntariados es muy transformador en la vida de los niños y niñas y, a la vez, en la vida de los voluntarios que se vinculan con ellos. He constatado que el valor que se genera entre estos mundos es compartido.
Cuenta Magdalena que cuando supo que había sido aceptada en pasantía internacional en Harvard, que forma parte del programa de formación de la Comunidad de Liderazgo de Colunga, sintió mucha alegría y emoción. “Me sentí reconocida y también con mucha responsabilidad”, dice. “Se entrega algo muy valioso, porque es fundamental que la sociedad civil tenga espacios de formación y fortalecimiento de liderazgo. Muchas veces no tenemos acceso a este tipo de instancias que nos ayudan a profesionalizar nuestro trabajo y generar redes de colaboración. Así que además de felicidad, para mí en esta experiencia hay una responsabilidad de compartir lo aprendido”, agrega.
¿Cómo crees que toda esta experiencia va a aportar a lo que estás haciendo ahora?
Hay distinciones que me quedaron muy marcadas. Una fue darme cuenta que hay desafíos técnicos y otros complejos, que requieren respuestas que puedes no tener idea cómo generarlas y no está en uno como líder tener todas las respuestas. Es algo que intuía, pero lo pude ver mucho más claro. Otra cosa que me quedó grabada es cómo los sistemas tienden a estar en una cierta homeostasis y equilibrio cómodo, pero que no necesariamente está generando el cambio necesario. Y para eso hay que poner cierta tensión que desequilibre y genere el cambio que necesitas. En mi estilo de liderazgo soy más bien conciliadora y es algo que tendré que implementar para que efectivamente se generen los cambios que se requieren. También la importancia de incluir a los actores relevantes del ecosistema en la ecuación y entender que uno no tiene que estar al centro; en conjunto tenemos que poner el desafío al centro y desde ahí definir desde dónde queremos aportar.
¿Hay alguno de estos aprendizajes que ya has aplicado?
Esto último, en concreto, ya lo empecé a implementar en el proceso de Planificación Estratégica que comenzamos en marzo de este año. Invité a los miembros del directorio, al equipo ejecutivo y las voluntarias del proyecto a una jornada de reflexión. Por primera vez no preparé la clásica presentación llena de datos y propuestas, sino que dije: “bueno, éstas son las preguntas que tengo y que me gustaría que respondiéramos entre todos para pensar en cómo aportar a un desafío complejo y sistémico como el sistema de protección residencial en Chile. Y les anticipo, que yo no tengo ninguna respuesta”. Este espacio, permitió involucrar activamente a todos los participantes en la definición del problema, donde trabajamos con una mirada más estratégica, con el desafío más adaptativo.
¿Cómo describirías esa experiencia?
Aprender colectivamente fue fundamental. Masticar juntos las reflexiones fue una enorme riqueza. Construimos un vínculo a partir de la convivencia que se fue dando, algo muy importante para sostener algo a mediano y largo plazo en esta comunidad de líderes. Colunga genera espacios que nosotros tenemos que tomar activamente e ir dándole forma para que, aparte de los proyectos de cada uno, podamos ir generando algo más colectivo y, por ejemplo, podamos encontrarnos para discutir sobre el rol de la sociedad civil en la democracia. Creo que detrás de la Comunidad de Liderazgo hay una visión a largo plazo respecto a tener un país mejor y promover un rol de la sociedad civil como un actor a la par del Estado, la empresa, la academia. Es algo súper visionario y muy generoso.
¿Dónde crees que están los principales nudos críticos sociales en Chile?
Hay algo como telón de fondo y en la base estructural, que tiene que ver con los niveles de desconfianza y de polarización que estamos viviendo. Para construir acuerdos, mejoras, programas en temáticas de alta complejidad, como son las que nos está tocando vivir en el siglo XXI, lo primero es tener un estado de ánimo de confianza. En las personas, las instituciones, confianza en un otro que es mucho más distinto y heterogéneo que hace décadas atrás. En Chile tenemos la misión de volver a reconstruir esas confianzas y el camino para avanzar en eso es lento y requiere entrenarnos en ciertas habilidades y competencias. Es como desarrollar un músculo que no necesariamente tenemos o que se perdió en algún momento de nuestra historia como país.
¿Por dónde crees que deberíamos avanzar?
Esto se puede desarrollar en cualquier temática y a cualquier escala, algo pequeño en el barrio, municipalidad o la región, el país; debemos construir ese acercamiento. No tiene que ver con que lleguemos a acuerdos o posturas similares, sino con la capacidad de mirar al otro como ser humano. Tener capacidad de escuchar para entender desde dónde me está hablando la otra persona y desde dónde uno habla. Desde ahí creo que el gran desafío de Chile es volver a hablar del bien común, del propósito colectivo, salirse de uno, de estos individualismos y trincheras, para volver atener proyectos y desafíos del país.
“En Chile tenemos la misión de volver a reconstruir esas confianzas y el camino para avanzar en eso es lento y requiere entrenarnos en ciertas habilidades y competencias. Es como desarrollar un músculo que no necesariamente tenemos o que se perdió en algún momento de nuestra historia como país”.