Tadashi Takaoka y el fin de la romantización de la innovación social

7 de Octubre, 2022
Comunicaciones Fundación Colunga

La primera vez que Tadashi Takaoka fue nombrado gerente general, fue a los 25 años en su primer trabajo. “Solo hay una razón para que eso haya pasado”, comienza a contar. “Era una trampa”.

La crisis económica del 2008 había empezado hace poco. Esa empresa, según cuenta Takaoka, iba a tener que pagar 70 millones de pesos a final de año, y nadie estaba dispuesto a saldar la deuda. El producto consistía en vender suscripciones a un club para que las empresas hablaran de “innovación social”, un término que según el diario The Guardian de la época, consistía en la “nueva obsesión global”, pero que en Chile, aún no generaba ninguna certeza.

“La empresa que me pasó la consultora estaba quebrada. Me tiraron a una casa incendiándose, y con eso pensaron que yo también me iba a incendiar y así se iban a deshacer de mí”, dice Takaoka, para explicar el momento en que se encontró por primera vez con la metodología de gestión y negocios que definió el resto de su historia. 

“Partí por desconfiar completamente de mi instinto. Me volqué a los libros, sabiendo que no me podía creer el cuento y que solo podía estudiar respuestas probadas y racionales. Nos dedicamos a copiar esas soluciones durante un año y medio y la salvamos”, dice.  Hoy esa empresa existe, se llama Club de Innovación y es dirigida por Eduardo Bitran. 

Takaoka descubrió un talento que también lo llevó a ser hoy uno de los siete directores de Metro de Santiago. Era esa capacidad que tenía de “hacer que las cosas sucedan”, la que le encantaba a los clientes con quienes trabajaba. A diferencia de sus jefes, que según cuenta, lo consideraban desordenado, rebelde, y con ansias de avanzar adelantadas para su “etapa”. 

En ese primer encuentro con la quiebra —y que hoy atormenta a muchos emprendimientos sociales—, conoció la importancia de la metodología ante la inocencia a la hora de emprender. “El darse cuenta que hay que dejar de romantizar la innovación social es como cuando uno ve que en las cajetillas de cigarro que fumar hace mal. No lo cuestionas, de hecho, lo crees, pero sigues fumando. Hasta que te da un susto cuando no puedes parar de toser”, aseguró. 

A él también le pasó. De padre japonés y madre ariqueña, había dejado su ciudad oriunda Antofagasta hace años para estudiar Ingeniería Civil Industrial en la Universidad de Chile, y decidió que era el momento de establecerse en la capital y emprender. Conoció a Pedro Pineda —actual fundador de Fintual—, y comenzaron a desarrollar una aplicación de citas online en el 2011, una propuesta “rupturista, mal vista incluso”, según cuenta. 

“Hicimos algo parecido a lo que es Tumblr hoy: una página de citas donde es la mujer la que tiene el control de hablar con el hombre y no viceversa. Tratamos de crecer y crecer en usuarios, pensando que después alguien iba a llegar e iba a querer invertir, pero no fue así. Nos estábamos cayendo por un barranco jurando de corazón que los frenos del auto iban a funcionar, pero quebramos al año y medio. Ese fue mi momento de transición: me di cuenta que no basta con creerse el cuento, ni con soñar. Nada de eso salvó a la empresa”, recuerda Takaoka.

“Eso de ‘cree y verás cómo la gente vendrá” le hizo mucho daño a esta generación”, concluye a partir de esa experiencia. Por eso hoy busca levantar la importancia del modelo de negocios en el área social, para que esos emprendimientos puedan escalar primero desde adentro, y luego sostengan un verdadero impacto en el tiempo. “No podemos seguir creyendo que la innovación social es una especie de apostolado. La plata no es lo de menos, es de hecho, lo que te ayuda a contratar mejores talentos y cuidar a las personas”, afirma.

Tadashi Takaoka también dirige el área de proyectos en la base chilena de Socialab, una organización de soluciones y apoyo de emprendimientos sociales con una comunidad que abarca 96 países.

Tiene certeza en que no estamos lejos de superar la barrera que detiene que las soluciones de impacto social puedan escalar en el mercado.  “Las y los emprendedores de hoy vienen con dos o tres intentos en el cuerpo”, dice y agrega que “es inevitable que con la experiencia se vayan resolviendo estos problemas, y somos la generación que va envejeciendo en el buen sentido de la palabra. De tanto que fallamos en el pasado, ahora sale algo bueno”.

 

Puedes revisar su participación en el primer Ciclo de Charlas del Laboratorio de Innovación Social aquí:

 

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