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Prevenir y educar: La importancia de los protocolos ante casos de abuso sexual en establecimientos infantiles

3 de Mayo, 2019
Comunicaciones Fundación Colunga

¿Cómo lograr medidas efectivas que disminuyan los casos de abuso sexual infantil en el país? Generar protocolos que incluyan una mirada preventiva para la detección temprana de situaciones de abuso, parece ser una solución que puede traer respuestas efectivas.

Foto: Agencia Uno.

Según cifras entregadas por el Ministerio Público, se calcula que, en Chile, una de cada tres niñas y uno de cada cinco niños son o serán víctimas de algún tipo de violencia sexual antes de cumplir 18 años. Un dato preocupante, considerando que al año 2017, la Superintendencia de Educación indicó que las acusaciones de abuso sexual al interior de colegios aumentaron en un 26%.

A comienzos de este año, la Comisión de Constitución del Senado y Especial de la Niñez, aprobó el proyecto de ley que establece la imprescriptibilidad de delitos sexuales contra menores de edad, pasando a segundo trámite legislativo. Esto reactivó la discusión sobre la necesidad urgente en políticas y programas de prevención en casos de abuso sexual infantil.

Casos espeluznantes como el destape de los abusos cometidos al interior de la iglesia católica, lo sucedido con Ámbar, niña de un año que fue violada y asesinada a manos de su cuidador; o la denuncia de tocaciones indebidas por parte de un alumno a sus compañeras del Colegio San Alonso de Ovalle; son parte de los testimonios que han acelerado acciones legislativas que buscan dar resguardo a quienes sufren este tipo de violencia.

Confianza y valentía

Construir espacios de confianza para prevenir e identificar posibles situaciones de abuso, se convierten en una tarea fundamental para el Estado y la sociedad civil. Actualmente, el Ministerio de Desarrollo Social está ejecutando una campaña llamada “#ElPeorAbuso”, con la finalidad de informar y concientizar a la comunidad sobre el abuso infantil.

En el portal, establece que su gravedad radica en que es “la suma de todos los abusos: el abuso de conciencia, abuso psicológico, abuso de poder, abuso físico y el abuso sexual. Y además se comete deliberadamente sobre un niño o niña que no tiene posibilidad de defenderse”. Con ello, reconocen que los esfuerzos del Estado muchas veces son insuficientes y comprometen una labor más efectiva de la sociedad en su combate.

Protagonistas en esta lucha han sido Fundación Para la Confianza con su programa “Alianzas para la Confianza”. Trabajan directamente con entidades que tratan con niños, niñas y adolescentes, en la revisión, mejora y validación de los protocolos de prevención y detección de situaciones de abuso. “Es un trabajo donde participan los directivos, educadores, auxiliares y estudiantes, y consta de cuatro etapas: diagnóstico, formación, co-construcción y mejoramiento del protocolo, y finalmente la validación”, detalla José Andrés Murillo, Director Ejecutivo de la fundación.

“Es importante que existan este tipo de medidas porque los abusos siempre se perpetúan dentro de contextos abusivos. Las comunidades educativas no siempre construyen un documento que se adapte a su contexto ni lo socializan con sus equipos. Esto dificulta enormemente la prevención porque las escuelas lo hacen de forma “voluntaria”, cuando en realidad debiesen garantizar un espacio de protección y cuidado”, agrega el director de Para la Confianza, sobre la implementación de este tipo de reglamentos.

Foto: Niñas Valientes.

Educar es empoderar

Fundación Niñas Valientes lleva trabajando cerca de un año al interior de las salas de clases, temas de violencia de género con niñas de diferentes niveles. Su trabajo parte de la base que la educación es la herramienta para hacer niñas más empoderadas, participativas y conscientes de su entorno.

Para Emilia Vergara, Directora Ejecutiva de la fundación, es importante complementar normativas preventivas y de denuncia, con una educación sexual de calidad. “Nuestro trabajo con las instituciones va más en concientizar sobre la importancia de estos temas. Buscamos abrir la educación sexual no solo a un área reproductiva, sino que integral. Una que entienda y maneje temas de consentimiento”, comenta.

“No es suficiente generar protocolos posteriores, de acompañamiento y denuncia, sino que también es necesario incorporar una perspectiva preventiva. Creemos que es fundamental entregar herramientas para que las niñas tengan conocimientos sobre estas temáticas. Que entiendan sobre consentimiento, sobre sus límites. Que hablemos sobre sexualidad de manera integral”, concluye la Directora de Niñas Valientes sobre el carácter que debiera tener este tipo de normativas para evitar que se repitan casos como los de Ámbar o el colegio San Ignacio Alonso de Ovalle.

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