Carolina García, fundadora de Comunidad Inclusiva: “Quiero demostrar que las personas no quieren lideresas que sean superhéroes, sino unas que no esperen algo a cambio por tener empatía con los demás”

15 de Junio, 2022
Comunicaciones Fundación Colunga

#PersonasEmergentes

Carolina García Berguecio (55) fundó Comunidad Inclusiva en 2018. Es activista por la discapacidad, coach y presidenta de la Federación Internacional Coaching. Forma parte de 100 Inspirational Women in Mining UK y es  mentora en Inspiring Girls. Hoy, forma parte de la comunidad de Emergentes creada por Imago y Fundación Colunga con el apoyo de Presencing Institute. Esta es su historia. 

“Soy ingeniera civil de profesión, y trabajé muchos años como gerente de cuentas para empresas mineras en una gran consultora internacional. En ese entonces, me tocaba viajar muchísimo. En el año 2006, yendo a ver a un cliente en Antofagasta, el taxi en el que viajaba chocó frente a frente contra un camión. Al despertar en el hospital, logré escuchar que tenía una rotura medular a nivel c5-c6. Nunca más iba a poder volver a caminar.

No podía, literalmente, hacer nada. Me daban de comer, de tomar, me lavaban los dientes y sostenían mi celular si quería llamar a mis hijos. Tenía que dormir con una cuidadora dentro del hospital porque no era capaz de tocar un timbre. Me sentía como una muñeca de trapo que solamente podía mover la cabeza. Hice una terapia física que me salvó, porque pude volver a mover las manos y por lo tanto, volver a mi trabajo, aunque nada volvió a ser como antes.

Con la aceptación de no volver a caminar más, vinieron un montón de otros duelos. Cuando llegué a mi oficina de vuelta ya no era la gerente del área de minería. Me dijeron: “Oye mejor por que no te quedas en el back office”, y yo con la autoestima destruida, acepté. Mi jefa me dijo que mejor ya no saliera a venderle a los clientes para que no se espantaran. Por supuesto que yo dije que sí porque tampoco tenía muchas ganas de salir.

Hasta que después de tres años, llegó el momento que me despidieron porque no estaba saliendo a vender, aunque hubiese cumplido exactamente con lo que me habían pedido: quedarme tranquila en la oficina. Fue el año 2012, y justo estaba en un programa de mentoría en Comunidad Mujer al que había entrado mientras seguía trabajando porque estaba en un momento súper duro de mi vida, con muy poca autoestima y donde sentía en el piso -10. Ahí conocí a la Lily Bernal.

Cuando me despidieron, la Lily me dijo que esto era una buena noticia, porque ella vía en mi el potencial para estudiar coaching. En ese momento pensé que por ningún motivo podría hacerlo, sentía que ya no tenía nada más que aprender y trataba de decirme a mi misma que todo estaba bien, que yo estaba bien. Pero no era cierto.

Comencé a buscar trabajo con la idea de que me iban a contratar al tiro, ya que tenía muy buenos contactos. Pero estuve un año sin resultados, y aunque tenía buenas entrevistas, siempre me preguntaban lo mismo: que cómo iba al baño, cómo me subía al ascensor, o si me podía subir a un avión. Ahí fue cuando me di cuenta que no estábamos preparados como sociedad para contratar a una persona con discapacidad.

Me empecé a poner mal, mi autoestima estaba por los suelos y yo seguía tratando de decir que igual todo estaba bien, que no importaba que el resto del mundo me dijera que era espantoso lo que me había pasado, bajándole el moño al hecho de que no iba a poder caminar nunca más. No estaba reconociendo mis verdaderas emociones.

Entonces una amiga me recomendó tomar un programa de coaching para que pudiese, al menos, levantar mi autoestima. La única forma en la que me convencí de que podría ser una buena idea, fue pensar en que en realidad necesitaba algo para trabajar, pero ignorando que esto también iba a ser para trabajarme a mi misma.

Mirando hacia atrás, ese programa de coaching fue lo que realmente cambió mi vida, aún más que el accidente. Me permitió ver los diferentes observadores, re significar mis emociones, conectarme con la vulnerabilidad, con la compasión y la gratitud. Además me convertí en coach, y si en ese momento pensaba que nadie iba a querer una coach en silla de ruedas, hoy soy la presidente de la Federación Internacional de Coaching. Es impresionante los cuentos que a veces nos contamos sin creer en nosotras mismas.

Primero formé una consultora muy pequeña de gestión del cambio y coaching con una amigas ingenieras en 2018. Luego salió la Ley 21.015 de Inclusión, y ahí me empezaron a llamar de distintas partes pero no para contratarme, sino para que pudiera entregar un mensaje como persona con discapacidad. Ahí yo me empecé a interesar por lo que es diversidad e inclusión, y me di cuenta de que yo podía ser un canal. Me metí al equipo de HerGoblasImpact, y ese mismo año nació Fundación Comunidad Inclusiva.

Sabía que era súper afortunada dentro del colectivo de las personas con discapacidad. Somos el 18% de la población mayor de 18 años, sin embargo más de el 50% pertenece a los quintiles más bajos de la sociedad, el 30% tiene cuarto medio y el 8% tiene alguna profesión u oficio. El mensaje que quería dar era claro: “Veamos talento donde otros ven discapacidad”.

El objetivo ha sido buscar mejores oportunidades para las personas con discapacidad, sobre todo para las mujeres. A cuatro años de que comenzara la Ley de Inclusión Laboral, se ha formado algo que se conoce como “la paradoja de la discapacidad”, porque 2 de 3 personas con discapacidad son mujeres, pero si vamos a las cifras de la Dirección del Trabajo, el 75% de los contratados por la ley de inclusión son hombres. Además, aunque haya Ley, igual se contrata a las mujeres en los cargos más pequeños.

Por eso ellas son mi causa principal, porque son las que viven con mayor vulnerabilidad. Hay menos oportunidades, sí, pero vamos aprendiendo, vamos caminando hacia un lugar donde todas nuestras capacidades laborales se hagan valer. Si uno realmente incluye a una persona, puedes cambiar su vida y la de toda su familia.

Para seguir lográndolo, me gustaría hacer redes, ayudar a otros y ver cómo los demás pueden colaborar con este proyecto también. Creo que en Emergentes voy a poder encontrar personas que quieren acortar la brecha social, y formar un gran equipo pensante para lograr nuestros objetivos. Hoy, el principal de ellos para nosotros como Comunidad Inclusiva es realizar una academia de emprendimiento para mujeres con discapacidad y cuidadoras de niños con discapacidad. Sería un sueño poder incidir en políticas públicas

Hoy creo que nunca es suficiente aprendizaje, sobre todo cuando eres coach o líder y te estás poniendo enfrente de otro ser humano que está confiando en ti. A las mujeres en el pasado nos tocó más duro, ambientes coercitivos y masculinizados, entonces hoy quiero ser mejor que eso, estar muy abierta a la vulnerabilidad, a demostrar que las personas no quieren líderes que sean superhéroes, sino líderes más sororas que no esperen algo a cambio por tener empatía con los demás.”

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